El ultimo asesinato de la Inquisición fue en Valencia, año 1824

El ultimo asesinado por la Inquisición fue en Valencia

Cayetano Ripoll era maestro de escuela. Nació en Solsona (Lleida), vivió en Francia y, a su vuelta, se instaló en el pueblo valenciano de Russafa donde comenzó a dar clase. Cayetano guardaba un secreto: era deísta. Creía que Dios estaba en todas partes y eso para la Iglesia española del siglo XIX era motivo de herejía… y de muerte.
Era el año 1824. Una denuncia anónima llevó a la Junta de Fe de Valencia hasta la puerta de la choza donde Cayetano ejercía como maestro y fue apresado. A continuación-->


lo llevaron a la cárcel y allí permaneció dos años antes de escuchar su sentencia: condena a muerte por herejía. Durante ese tiempo, la Iglesia envió a un teólogo para hacerle recapacitar, pero él no dio su brazo a torcer.

Los delitos por los que se le acusó fueron cuatro: sustituir en las oraciones de clase la expresión “Ave María” por “alabado sea Dios”, no acudir a misa ni llevar a sus alumnos, no salir a la puerta para saludar el paso de la procesión y comer carne el viernes santo.

la muerte de Cayetano se produjo un lunes 31 de julio. Según una crónica de la época, firmada por Miguel Mendoza, el reo tuvo que recorrer el centro de la ciudad, donde fue increpado por los vecinos a su paso.

Su muerte se produjo de un modo grotesco. Fue ahorcado, aunque el castigo previsto por la Iglesia para casos como el suyo era el de morir en la hoguera. Por este motivo, sus verdugos pintaron unas llamas en el tonel donde cayó su cuerpo tras morir asfixiado.
Grotesco también fue el hecho de que, meses antes de su asesinato, Cayetano estuvo a punto de salvarse porque no encontraban su partida de bautismo. Si no era cristiano, no podía ser hereje. Finalmente, apareció en Solsona. Esa partida de bautismo pasó a ser su partida de defunción.
Las últimas palabras que pronunció el “hereje contumaz”, como se le nombró en la sentencia, fueron: “Muere un reconciliado con Dios y con los hombres”. Después, fue enterrado en la parte del exterior del cementerio.
El responsable de la muerte de Cayetano fue Simón López, entonces arzobispo de la ciudad. Simón López fue diputado en las Cortes de Cádiz y dejó su escaño para no tener que jurar la Constitución. En 1826, presidió la Junta de Fe de Valencia, una institución creada para “vigilar la doctrina”. El arzobispo justificó la ejecución de Cayetano con una frase: “Dios quiera que sirva de escarmiento para unos y de lección para otros”.

El responsable de la sentencia a muerte está enterrado en la catedral de Valencia, en la capilla de San José.

Rituales aztecas
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