Los Fantasmas de Goya

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Fue allá por el año 1819 cuando Francisco de Goya, adquirió una casa situada en lo que hoy es el Paseo de Extremadura de Madrid, casa a la que la gente de los alrededores bautizó con el nombre de “La Quinta del Sordo”, en honor a la sordera que padecía el genio de Fuendetodos.
De los años en que Goya pasó en esta casa se destacan dos cosas, más bien dos etapas, que se fundieron en una, una etapa de profunda depresión que le llevo a plasmar en las paredes de la casa la mayor parte de las obras conocidas como obras negras, o etapa oscura. Aunque algunos sostienen que lo grabados correspondían a los misteriosos fantasmas interiores del autor, en la corte de la época, también se extendió el rumor de, que en realidad, sus dibujos reflejaban los espíritus y fantasmas que deambulaban por la casa. Sea como fuera, lo cierto, es que las pinturas negras que adornaban las paredes causaban miedo y terror a todo aquel que las contemplaba.

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Tras la muerte del hijo de Goya, la casa fue puesta a...
subasta siendo adquirida por el Conde de Polentinos, que a su vez la revendió a un nuevo propietario, Luis Rodolfo de Coumont, con el cual la leyenda de la casa renace nuevamente, los vecinos de la Quinta del Sordo afirmaban que en la misma se oían aterradoras voces y alaridos, y que nadie quería formar parte del servicio doméstico, incluso algunos, se atrevían a decir que las paredes hablaban y que parecía como si los fantasmas del propio pintor tomaran vida. De Coumont no tardó mucho en deshacerse de la casa y el nuevo comprador, un barón francés llamado Emile D’Arlanger, decidió fotografiar algunas de las pinturas de las paredes, y encargar que otras fueran pasadas a lienzo, gracias a lo cual podemos conocer hoy día como eran esos fantasmas. Dos años después de la muerte del Baron, en 1.913, la Quinta del Sordo fue demolida.
Pero aquí no acabó la leyenda, los lienzos fueron trasladados al museo del Prado y a pesar de que en el solar que ocupaba se han construido nuevas viviendas, vecinos y transeúntes afirman haber visto figuras fantasmagóricas, los fantasmas de las pinturas, deambulando por el lugar, quizás, quien sabe, buscando su hogar, buscando las paredes que un día les dieron cobijo.
¿Eran los fantasmas de Goya reales? Puede ser que en realidad pintara lo que veía en aquella casa, o también puede ser que lo que pintaba cobrara vida. Nunca lo sabremos, como decía el gran Cézanne…
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Fuente del artículo Canaldemisterio.com

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